se acabe. De nosotros sólo depende usar bien el amor, vivirlo y disfrutarlo
bien; que exista y que deje de existir no depende de nosotros.
Yo busco, sueño, creo, dudo y vivo como si el ayer no me hubiese engañado
sin cesar, y como si el mañana me hubiese de traer lo mejor.
Hoy es siempre todavía.
El corazón es el centro del espíritu. El corazón se parece a una cámara de combustión. Allí dentro hay tinieblas, tinieblas y fuego.
Más animal.
Tan moderna es la mente, como antiguo el corazón. Se piensa entonces que quien hace caso al corazón se aproxima al mundo animal, a la falta de control, mientras que quien hace caso a la razón se acerca a las reflexiones más elevadas. ¿Y si no fuesen así las cosas, si fuese verdad exactamente lo contrario? ¿Y si ese exceso de razón fuese lo que deja desnutrida a la vida?
El hombre se parece cada vez más a una radio que solamente es capaz de sintonizar una franja de frecuencia. El uso excesivo de la mente produce más o menos el mismo efecto: de toda la realidad que nos rodea sólo logramos captar una parte restringida. Y en esa parte frecuentemente impera la confusión, porque está toda repleta de palabras, y las palabras, la mayor parte de las veces, en lugar de conducirnos a un sitio más amplio nos hacen dar vueltas como un tiovivo. Anhelo ser más animal, disfrutar de hacer de mi vida un instinto y no una reflexión, estoy fatigada de mis reflexiones, de mi lógica, que no es nada más que buscarle un motivo al caos que es el mundo, y cada uno somos un mundo. Voy a ser más animal, a respetar el viento, a morder la fruta, a gruñirle al metal, a amar a quien me ame.
Más animal, es lo que ha olvidado el hombre que és.