Los vivos no saben vivir la vida





¿Qué más podía hacer aparte de castigarme un poco más? Me estiré en el suelo boca arriba con los brazos y las piernas abiertas y me coloqué encima del perfil de mi cuerpo que habían dibujado. Me dí por vencida. Se podría decir que era una especie de ángel morboso de la nieve.


Y durante un segundo me pareció que la situación era graciosa. Irónicamente y cruelmente graciosa. Era la ultima ( y la más acorde) de las bromas que me habían hecho nunca. Y está vez yo misma formaba parte de ella. El destino había intervenido ese día, había intervenido en mi vida, pero no exactamente como hubiera querido.

''Dios tiene que tener mucho sentido del humor'', pensé mientras miraba arriba. Hablar de ''Dios'' me hizo pensar en otra cosa que no me hacia ni una pizca de gracia. No había visto ni sentido nada al respecto del Individuo o Individua, todo era posible. Así que era conveniente mantener la postura políticamente correcta, pensé. Durante toda mi vida había estado juzgada. No podía ser mucho peor, ahora. Pero una idea fugaz me sugirió cosas peores, y me motivo a levantarme del suelo.





Miré afligida el perfil de mi cuerpo dibujado en las losas, como cuando miras las tumbas del cementerio.