Dios sabe que sí, que daría todo el dinero del mundo por escuchar tu voz una vez más.
No quería, dios sabe que no quería, pero esta vez creo que las cosas perfectas no
duran para siempre, excepto en nuestros recuerdos.
Me descubro aquí llorando, dándome cuenta, tristemente, que las lágrimas
no devuelven a nadie a la vida. Y tampoco pueden hacer que alguien que no te
quiera vuelva a quererte. Se me rompen todas las sintaxis solo de pensar
que no regresarán las miradas cómplices, que olvidarás igual que yo, todos
los momentos en que me distes un abrazo y todo parecía haberse solucionado.
No entrará a las seis de la mañana el olor a café por debajo de mi puerta, ni me
sorprenderás mañana con la rosa de San Jordi...
porque ya no eres tú, y no puedo seguir siendo yo.
