Todo el mundo tiene una infancia que ronronea al fondo de un bolsillo olvidado.


Y últimamente la mía ronronea muy fuerte. Obviamente sé que no puedo recogerme dentro de mi bolsillo y volver a pasar las tardes jugando y preocupándome de que vuelva a ser lunes para compradme los cromos, pero ¿por qué no tener más de esos momentos mágicos? Me encantan esos momentos, te hacen levantarte y sonreír, mirar con tensión en las esquinas y con miedo en los armarios. Hay monstruos de los de verdad, con fuego y alas y brujas, de las de verrugas y escobas. Nada de humo, ni coches, ni desempleo, no se conocen inmigrantes, sólo hay príncipes de reinos lejanos. Al final me he dejado deslizar hasta mi bolsillo, y me temo que ahí me voy a quedar...Para siempre.


Por desgracia no todo el mundo tiene un corazón salvaje y una fachada misteriosa.