Brazo a torcer







Lo admito he perdido.
¿Satisfecho?, he perdido el rumbo, la cabeza, el sentido, la lógica, el impulso, la inquietud, la bondad, el asco, el miedo, a mi misma.

He perdido por haberte querido, pensando que era un cuento, nuestra historia. Perdí una mañana cuando las sabanas blancas que me cubrían ligeramente, dándome toda esa seguridad, se volvieron alambre de espino sobre mi piel.. Y sólo sabia repetir, vuelve, cariño vuelve. Y perdí.
Perdí al creer que volverías. Porque de verdad lo creía, creía en ti por encima de cualquier cosa. Eras mi dueño, mi fuerza, creo que mi razón de vivir pasó a ser una muñeca de cristal en tus manos. Y la rompiste al apretar tus puños. Perdí, aun que a la gente no se lo diga, yo perdí; un sueño, una vida, una familia, un deseo, un órgano...
Pero lo que aun no sabes, es que todos esos pedazos de cristal que saltaron al quebrarme, se te clavaron a ti, no a mi. Porque yo...Yo sólo perdí.
Un día, quizá tan soleado y caluroso, como aquel en el que creí que empezaba a ser parte de tu cuerpo, vuelvas a abrirle tus manos a alguien y entonces sentirás los cortes, entonces te llegará a ti el turno, de perder. Porque tú has perdido una oportunidad de vivir,
yo sólo a una persona.





Cuando pierdes a alguien, siempre se queda algo dentro, recordándote lo fácil que es salir herido.