No te odio tanto como para enamorarme de tí.

Hacía ya bastante tiempo que habia despertado. Me di cuenta una mañana, en la que desperté tirada en el suelo sucio de la habitación, de que habia malgastado todos los dias que habia vivido hasta entonces. Soñando con la jodida perfeccion ¿eh? asi nunca se llega a nada. Empecé a golpear , una y otra vez, si señor. Ese era mi sitio , mis puños eran mi esperanza. Entrenaba , entrenaba y seguia entrenando. Era el sentido de todo , apenas competía , no me interesaba. Ya sabía que era buena , lo veía , en los ojos de mis superiores, en el de mis compañeros, mis amigos, mis enemigos y sobretodo, lo veía en mis ojos.  Era mi droga personal , siempre entraba a pelear con una sonrisa en la cara, que bien podria salir intacta, o sangrienta. Pero no importaba nada.
Y entonces llegó él. Mi pequeño tumor narcicistaTodos se giraban a mirarlo, tenia una sonrisa devastadora y una grosería que enloquecían al público. 
En uno de sus pequeños conciertos lo conocí. Acabé allí de casualidad , cuando lo vi aparecer , las masas gritaban , las féminas revolucionadas, esperando tener su momento de gloria. Ni siquiera cantaba bien , no sabia hacerlo , pero a nadie parecia importarle. Él era lo contrario que yo , encantaba al público para que no se diesen cuenta de que no tenia talento , o a lo mejor, ese era su talento. Piernas delgadas , piel adronada con múltiples tatuajes...Tenía una novia. Stacy. Hasta su nombre parecía de plástico. En todos sus conciertos lo veía desaparecer tras la puerta del baño con una escandalosa pelirroja o una delicada rubia...o una ardiente morena...Hasta que me tocó a mi. Él se dio cuenta de mi presencia en sus eventos y quiso agradecermelo. Sí , acabé en su cama. Apenas podia compararlo con nadie más porque fue el primer hombre con el que estuve, pero da igual. Estoy segura de que nadie lo haria tan bien como lo hacía él. Nunca solia ver a la misma chica dos veces. Por eso me pareció extraña su llamada. Pero en el fondo lo sabiaÉl esperaba mis ojitos de cordero, un "quédate" o una mano en el hombro antes de largarse de mi cama sin mirarme. Pero no tuvo nada de eso. Le miré con la cara somnolienta y dije "Gracias y adiós". Sabía que no iba a volver y ya habia aprendido a aceptar el destino.
Me miro desconcertado un largo rato. Y luego se fue. Me acuerdo que sonreí al escuchar la puerta cerrarse con una excesiva fuerza. Yo no me habia comportado como su esclava o sierva, y eso lo mataba.