Odio saber que me conoces. Conoces lo que de verdad soy o lo que intenté ser en su día. Supongo que no mi mejor lado (más bien el malo) pero el que me descubre. Siempre intentando tapar mi verdadera yo, para que no me conozcan y a la vez no conozcan mis puntos débiles. Y, hace meses, quizá un año...llegaste y todo se destapó. Como el niño que abre una caja llena de polvo, cuando minutos antes le habían dicho ¡”No la toques, por favor”! Y el pequeño, descubre unos cuantos cromos polvorientos, juega con ellos y se pierden ¡Qué más da!. Estamos  acostumbrados a perder algo y que, tras un llanto, nos den otro “juguetito” igual o mejor que el anterior. Y ahí está el principio de todo. Nos enseñan a jugar con todo lo que nos dan. ¿Pero qué pasa cuando la etapa de juegos es dejada de lado? ¿Cuando ya no esperamos por Reyes un juguete, cuando ni familiares ni vecinos llegan a decirte: “toma pequeño, tu juguete ansiado y una piruleta, endúlzate la vida”? El tablero se multiplica. Hemos estado acostumbrados en toda nuestra vida a jugar, porque en teoría es lo que debíamos hacer, y ahora el juego ya no es algo plástico, ahora el juego lo buscamos nosotros, ahora el juego pasa a ser el día a día y muchos…su mayor apuesta son los sentimientos ajenos y los dulces pasan a ser sustancias que nos hacen olvidar… olvidar. Odio sentirme así, lo odio porque lo odio, odio que me conozcas, porque la vida no son tres palabras bonitas sin sentido esperando una sonrisa.Hace tiempo me di cuenta de que me superabas, superabas todos los kilómetros que recorrí y que conocía. A pesar de todo tú seguías y, de hecho, sigues allí. Delante, tan intangible como siempre, sabiendo que nunca llegaré a alcanzarte, como el cielo que siempre intenté tocar.Conseguiste ponerme nerviosa, y sentir una inquietud que nunca había sentido cada vez que tu nombre paseaba por mis ojos, mis oídos o mi cabeza. Saber que intento disimular lo que no soy, puede que fuese tan solo para agradarte. Pero en ese supuesto “intento de agrado” encontré lo que me gusta, puede que lo haya esperado tiempo, pero sentada y en un puto momento, me levanto a por ello y… sin darme cuenta ¡zash!. Estuvo ahí todo el tiempo, te necesité a ti para darme cuenta.Repugno conocer tu inteligencia y tu humor inglés, y a pesar de todo, es lo que me atrajo de ti…en su momento. Y más repugno aun que tú conozcas la mía. Y lo gracioso, es sentir que de vez en cuando te paseas por mi cabeza, con la camiseta que te regale, caminando. Mientras, yo te observo por la ventana, odiándolo, porque sé que sabes que te miro, porque sabes que me atraes. Demasiada confianza en ti mismo…quizás, pero es lo que me encanta. Sabiendo que todavía te necesito para encontrar ese equilibrio inexistente, pero necesario para conseguir lo que soñé. Odio haber intentado creerme lo que no soy, ni lo que puede que alguna vez quise ser. Y lo mejor de todo es que sin saber donde buscar ni encontrar, de repente ese camino se iluminó, aunque no me guste reconocerlo fue gracias a ti, y me encanta. Me encantaba. Quizás tanto como me llegaste a encantar tú.