Cándido


 Calladita en un rincón, aguanta Miss Desesperación, muñequita de porcelana llena de grietas en las zonas más ocultas bajo las gasas de su vaporoso vestido, el que mama le ha puesto tan orgullosa, coronandola así como ''La princesita de su reino''. Sin saber que su reino ESTA HUECO como el cráneo de su viejo verdugo. Calladita en un rincón juega al escondite con sus palabras y sus lagrimas. Las únicas hadas que siempre la acompañan son la soledad y la impotencia.








 -¿Podrías señalarle a mamá dónde te toco el vecinito?- Y mamá rompe a llorar en la profunda sala que transporta el eco de esquina a esquina como un viejo tranvía. No sabe hacía donde posicionar sus grandes ojos marrones, que se ven tan negros hoy, semi-tapados de agua de mar. Y mientras Mamá contonea la cabeza en signo de negación, se decide a indicar con sus suaves manitas,  casi de bebé, el triangulo más conocido de su cuerpo. Mamá vuelve a arrancar el llanto latente. Y el tribunal  levanta proclamando sentencia. ¡Victoria!, pensó la juez, ¡Victoria!, pensó la tribuna, ¡Victoria! el jurado.
Pero..¿ y Helena qué pensó?








 -No tengas miedo, que yo cuidaré de ti, yo te abrazaré cuando te sientas sola, yo te escucharé cuando tengas un secreto que contar, yo te mimaré cuando vuelvas cansada de la escuela, yo miraré debajo de tu cama y tus armarios, procurando que no haya monstruos acechando, yo te arroparé a la noche antes de dormir, para que tus sueños sean como los deseas, yo vigilaré por debajo de la puerta esos pasos que no quieres que a tu cama vengan, yo lo veré y sabré todo, por eso siempre podrás contar conmigo, porque te creo y estoy para lo malo y para lo bueno.
- Buenas noches, y gracias Señor Osito.





Como una virgen más, con su halo de inocencia brillando alrededor de su recta figura, arrodillada frente el retrato de su Dios, una foto amarillenta de su madre, la que siempre le han dicho que está en el cielo cuidando de ella. Con sus manos cruzadas, su oración pretende ser canto de sirena que haga romper el navío de su enemigo. Aunque hace años que parece no ser escuchada, eso no le hace perder la esperanza, es evidente que si cuesta entenderse aquí en la tierra con la gente, imaginaros con los ángeles del cielo. Por eso prueba y prueba, hasta que su momento de paz se ve irrumpido por una elocuente peste a whisky y a ron. Gritos inconcebibles, surcan a plomo la habitación, luego un golpe seco, y dos...[...] Empieza a llover, levanta la vista del frío mármol del suelo, hacia el ventanal, y sólo puede decir. ''Deja de llorar, Mamá''.