La estación sigue igual, lleva un par de horas ya así, inerte y gris, como si estuviese a la espera de la llegada de nubarrones cargados de lluvia helada. Justo faltan cinco minutos para que llegué mi tren, y los nervios ya se cobran su precio en mi. El reloj avanza lento, prácticamente corre sus agujas hacia atrás. ¡NO! detente estúpido, quiero que todo esto pase lo más rápido posible, para así poder acurrucarme de nuevo en sus brazos y sentir que todo es cálido y sólido. Ya están aquí los nubarrones negros, son el tren y la lluvia fría son todos los pasajeros que bajan, dando bruces contra mi, su frialdad cala mis huesos, me invade la
William Shakespeare
